
Después de una semanita en Almuñécar, he de decir que lo que más me ha gustado ha sido mi bautizo de buceo. Que chulo eso de ponerse el traje de neopreno, aunque cueste esirarlo pa`rriba que es un suplicio; qué guay ponerse las aletas, las gafas, y aspirar el aire fresquito de la botella a ocho metros de profundidad. Me he codeado con bancos de peces, queriendo coger algunos de ellos, sin éxito, claro. Menos mal que me salió la maniobra de la compensación (soplar por la nariz y taparla hasta que los oidos hagan "poff")para poder bajar y admirar tantas formas nuevas y colores, pero sobre todo, para sentirme como pez en el agua. Ayyy, qué bonito fue, mientras duró.
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