domingo, 30 de septiembre de 2007

El sentimiento de protección

Como una ya se ha leído todo lo que ha llegado hasta sus manos sobre Educación Infantil, no puede ignorar algunas características propias de la especie humana, como por ejemplo que un bebé, al nacer, lo que más le llama la atención es la cara humana, la voz de su madre, el olor y el calor de su piel. No hay vuelta de hoja, se trata de algo genético, de un "instinto" de supervivencia. Debido a la fragilidad del ser humano recién nacido, (paradojicamente el animal que domina el mundo) el cual no tiene garras ni colmillos para defenderse de cualquier depredador, lo que le manda su cerebro es la orden de reconfontarse ante cualquier vestigio humano y así poder sobrevivir.
Del otro lado está el papel del adulto. Ciertos estudios demuestran cómo, ante un bebé, se activa algo en nuestro interior, algo así como un sentimiento de protección, que nos incita y de alguna forma nos obliga a cuidar y proteger a ese niño precisamente para que nuestra especie se perpetúe y no se extinga.
Seguramente ese sentimiento de protección esté más desarrollado en unas personas más que en otras y quizás, más en mujeres que en hombres, por eso de la tradición humana, que también se refleja en la carga genética. Sin embargo, es difícil generalizar.
Hoy ese sentimiento se ha apoderado de mí porque una niña de sólo 14 meses que apenas estaba empezando a andar, ha muerto en un arroyo malagueño. Su padre, borracho, la había perdido durante las fiestas de su pueblo.
No puedo evitar sentirme desconsolada, no sólo por la pequeña, sino por todos los niños que sufren en el mundo. Un nudo se me agarra en la garganta sólo de imaginármelo.

Hoy he recordado más que nunca porque me prometí no ver ningún telediario.

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