domingo, 30 de septiembre de 2007

El sentimiento de protección

Como una ya se ha leído todo lo que ha llegado hasta sus manos sobre Educación Infantil, no puede ignorar algunas características propias de la especie humana, como por ejemplo que un bebé, al nacer, lo que más le llama la atención es la cara humana, la voz de su madre, el olor y el calor de su piel. No hay vuelta de hoja, se trata de algo genético, de un "instinto" de supervivencia. Debido a la fragilidad del ser humano recién nacido, (paradojicamente el animal que domina el mundo) el cual no tiene garras ni colmillos para defenderse de cualquier depredador, lo que le manda su cerebro es la orden de reconfontarse ante cualquier vestigio humano y así poder sobrevivir.
Del otro lado está el papel del adulto. Ciertos estudios demuestran cómo, ante un bebé, se activa algo en nuestro interior, algo así como un sentimiento de protección, que nos incita y de alguna forma nos obliga a cuidar y proteger a ese niño precisamente para que nuestra especie se perpetúe y no se extinga.
Seguramente ese sentimiento de protección esté más desarrollado en unas personas más que en otras y quizás, más en mujeres que en hombres, por eso de la tradición humana, que también se refleja en la carga genética. Sin embargo, es difícil generalizar.
Hoy ese sentimiento se ha apoderado de mí porque una niña de sólo 14 meses que apenas estaba empezando a andar, ha muerto en un arroyo malagueño. Su padre, borracho, la había perdido durante las fiestas de su pueblo.
No puedo evitar sentirme desconsolada, no sólo por la pequeña, sino por todos los niños que sufren en el mundo. Un nudo se me agarra en la garganta sólo de imaginármelo.

Hoy he recordado más que nunca porque me prometí no ver ningún telediario.

sábado, 15 de septiembre de 2007

A los jóvenes

No es mío..pero es irresistible...


"El objeto de esta misiva es la de reivindicar una generación, los 75-85 (un par de años arriba, años abajo), la de los que estamos currando de algo que nuestros padres ni podían soñar, la de los que vemos que el piso que compraron nuestros padres ahora vale 20 o 30 veces más, la de los que estaremos pagando nuestra vivienda hasta los 50 años. Nosotros no estuvimos en la Guerra Civil, ni en mayo del 68, ni corrimos delante de los grises, no votamos la Constitución y nuestra memoria histórica comienza con las olimpiadas del 92. Aunque no nacimos en una dictadura, siempre hemos tenido una conciencia democrática y la serie Cuéntame nos parece que es una mierda que hace apología del franquismo. Por no vivir activamente la Transición se nos dice que no tenemos ideales y sabemos de política más que nuestros padres y de lo que nunca sabrán nuestros hermanos pequeños y descendientes. Somos la última generación que hemos aprendido a jugar en la calle a las chapas, la peonza, las canicas, la comba, la goma o el rescate y, a la vez, somos la primera que hemos jugado a videojuegos, hemos ido a parques de atracciones o visto dibujos animados en color. Los Reyes Magos no siempre nos traían lo que pedíamos, pero oíamos (y seguimos oyendo) que lo hemos tenido todo, a pesar de que los que vinieron después de nosotros sí lo tienen realmente y nadie se lo dice. Se nos ha etiquetado de generación X y generación sandwich, y tuvimos que tragarnos "bodrios" como: Reality Bites, Melrose place o Sensación de vivir, y más adelante, a las 11 en casa y compañeros (¿te gustaron en su momento? vuélvelas a ver, verás que chasco). Lloramos con la muerte de Chanquete, con la p**a madre de Marco que no aparecía, con las putadas de la Señorita Rottenmayer. Somos una generación que hemos visto a Maradona hacer campaña contra la droga, que nos reímos de un anuncio que decía que si el Madrid era otra vez campeón de Europa, que durante un tiempo tuvimos al baloncesto como el primero de los deportes. Hemos vestido vaqueros de campana, de pitillo, de pata de elefante y con la costura torcida; nuestro primer chándal era azul marino con franjas blancas en la manga y nuestras primeras zapatillas de marca las tuvimos pasados los 10 años. Entramos al colegio cuando el 1 de noviembre era el día de Todos los Santos y no Halloween, cuando todavía se podía repetir curso, los últimos en hacer BUP y COU, los pioneros de la E.S.O. Hemos sido las cobayas en el programa educativo, somos los primeros en incorporarnos a trabajar a través de una ETT y a los que menos les cuesta tirarnos del trabajo. Siempre nos recuerdan acontecimientos de antes que naciéramos, como si no hubiéramos vivido nada histórico. Nosotros hemos aprendido lo que era el terrorismo contando chistes de Irene Villa, vimos caer el muro de Berlín y a Boris Yelsin borracho tocarle el culo a una secretaria; los de nuestra generación fueron a la guerra (Bosnia, etc.) cosa que nuestros padres no hicieron; gritamos OTAN no bases fuera, sin saber muy bien qué significaba y nos enteramos de golpe un 11 de septiembre. Aprendimos a programar el video antes que nadie, jugamos con el Spectrum, odiamos a Bill Gates, vimos los primeros móviles y creímos que Internet sería un mundo libre. Somos la generación de Espinete, Don Pimpón y Chema El panadero farlopero. Los que recordamos a Enrique y Ana con su "abuelitodimetu...", los mundos de Yupi y las pesetas rubias. Nos emocionamos con superman, ET o En busca del Arca Perdida. Comíamos Phosquitos y los Tigretones eran lo mejor, aunque aquello que empezaba (algo llamado Bollycao) no estaba del todo mal. Somos la generación del "El coche fantástico", "Oliver y Benji", la generación que se cansó de ver las mamachichos. La generación a la que le entra la risa floja cada vez que tratan de vendernos que España es favorita para un mundial. La última generación de las litronas y los porros, y ¡qué coño!, la última generación cuerda que ha habido. Este correo está dedicado a las personas que nacieron entre 1975 y 1985. ¡¡¡¡La verdad es que no sé cómo hemos podido sobrevivir a nuestra infancia!!!! Mirando atrás es difícil creer que estemos vivos en la España de antes: La última generación que veía a su padre poner la baca del coche hasta el culo de maletas para ir de vacaciones. Nosotros viajábamos en coches sin cinturones de seguridad traseros, sin sillitas especiales y sin air-bags, hacíamos viajes de más de 3h sin descanso con cinco personas en el coche y no sufríamos el síndrome de la clase turista. No tuvimos puertas con protecciones, armarios o frascos de medicinas con tapa a prueba de niños. Andábamos en bicicleta sin casco, ni protectores para rodillas ni codos. Los columpios eran de metal y con esquinas en pico. Salíamos de casa por la mañana, jugábamos todo el día, y solo volvíamos cuando se encendían las luces. No había móviles. Nos rompíamos los huesos y los dientes y no había ninguna ley para castigar a los culpables. Nos abríamos la cabeza jugando a guerras de piedras y no pasaba nada, eran cosas de niños y se curaban con mercromina (roja) y unos puntos y al día siguiente todos contentos. Íbamos a clase cargados de libros y cuadernos, todo metido en una mochila que, rara vez, tenía refuerzo para los hombros ¡¡¡ni, mucho menos, ruedas!!! Comíamos dulces y bebíamos refrescos, pero no éramos obesos. Si acaso alguno era gordo y punto. Estábamos siempre al aire libre, corriendo y jugando. Compartimos botellas de refrescos y nadie se contagio de nada. Sólo nos contagiábamos los piojos en el cole. Cosa que nuestras madres arreglaban lavándonos la cabeza con vinagre caliente (o los más afortunados con Orión) Y ligábamos con l@s niñ@s jugando a beso, verdad y atrevimiento o al conejo de la suerte, no en un chat diciendo memeces. Éramos responsables de nuestras acciones y arreábamos con las consecuencias. No había nadie para resolver eso. La idea de un padre protegiéndonos, si trasgredíamos alguna ley, era inadmisible, si acaso nos soltaban un guantazo o un zapatillazo y te callabas. Tuvimos libertad, fracaso, respeto, éxito y responsabilidad, y aprendimos a crecer con todo ello. ¿Tú eres uno de ellos? ¡Enhorabuena!

domingo, 9 de septiembre de 2007

El silencio


Si lo que vas a decir no es más bonito que el silencio, callate.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Humildad


Esa es la mejor virtud: ser humilde. Humilde para aprender, humilde para enseñar, humilde para estar y humilde para vivir. Que no significa considerarse inferior a los demás, ni debilidad de espíritu, no es eso. Es saber verse a uno mismo como un aprendiz de todo cuanto le rodea, es sentirse en armonía con la realidad y con las demás personas; es abrir de par en par los ojos al mundo y gritarle que estás aquí para impregnarte de él.
Es aceptar, es crecer, es cuestionar sin herir, es adoptar todos los puntos de vista para tener la visión más amplia. Es ayudar sin pedir nada a cambio que no sea la propia satisfacción de observar felicidad en el otro.

martes, 4 de septiembre de 2007

Submarinismo


Después de una semanita en Almuñécar, he de decir que lo que más me ha gustado ha sido mi bautizo de buceo. Que chulo eso de ponerse el traje de neopreno, aunque cueste esirarlo pa`rriba que es un suplicio; qué guay ponerse las aletas, las gafas, y aspirar el aire fresquito de la botella a ocho metros de profundidad. Me he codeado con bancos de peces, queriendo coger algunos de ellos, sin éxito, claro. Menos mal que me salió la maniobra de la compensación (soplar por la nariz y taparla hasta que los oidos hagan "poff")para poder bajar y admirar tantas formas nuevas y colores, pero sobre todo, para sentirme como pez en el agua. Ayyy, qué bonito fue, mientras duró.