jueves, 23 de agosto de 2007

Alicia en el País de las Maravillas

Esa es la sensación que me queda después de haber leído el libro Los renglones torcidos de Dios, que estuve dentro del manicomio La Fuentecilla.

Qué extraña me sentí cuando comencé a leer y me di cuenta de que no era lo que yo esperaba. Creía que estaba ante un testamento perdido de Dios, pero no. Se parecía un tanto a ello, sin embargo, lo que significaba "renglones torcidos" era el tipo de persona que denominamos demente o cariñosamente (o no tanto) loco.

Después de narrarnos la historia el narrador, la propia protagonista (Alicia) y los psiquiatras del sanatorio, no podía decir con seguridad quién tenía la razón. ¿hblamos de envenenamientos, homicidios involuntarios, leyendas detectivescas, mentiras o todo lo contrario?

He terminado el libro, pero no me queda la sensación de que haya concluído, es decir, que si lo volviera a leer, quizás opinaría todo lo contrario a lo que pienso ahora.

Es extraño, pero la conclusión a la que llego es que a nadie se le ha concedido el don de la verdad absoluta. Lo que es lo mismo, que por más que queramos acotar la realidad para simplificarla, jamás lo conseguiremos, porque la verdad es un conjunto de verdades individuales. ¿Estaba Alicia loca? ¿lo estamos nosotros? ¿Dónde está el límite entre la locura yla cordura?

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