jueves, 17 de julio de 2008

Sin nada que decir











Desde el 25 de Abril no escribo nada...bueno, no escribo nada para "ti" porque para mi sí que he escrito bastante. Lo que ocurre es que me ha pasado un poco como a Verónica del libro de Paulo Coelho, (que todavía no he terminado y no sé si debería hablar de él) que ya creía que no tenía "nada qué decir". Es curioso como el trabajo, el viaje hacia el trabajo, los exámenes de la Uned, la preocupación por la casa y todo lo que ello conlleva, me tenían totalmente absorta. No había espacio en mi cabeza para nada más. Ahora van apareciendo como sombras esa gente que tenía "olvidadas" o perdidas en la memoria. Más que las personas, son los recuerdos o sentimientos que ellas me provocan.




Es curioso, porque yo nunca he querido crecer, nunca he querido hacerme mayor, pero a medida que cumplo años (que no son tantos, sólo 26 el mes que viene, ejem) me siento mejor conmigo misma y eso conlleva que me sienta mejor con los demás porque estoy aprendiendo a decir que NO, que ya está bien de culparme por todo lo que pasa con vosotros.




Lo mismo pasa con escribir, que parece que o dices algo muy ingenioso y nuevo o mejor te callas porque otros lo van a hacer mejor que tú. En esas me encuentro entonces, entre la vulgaridad y la brillantez, entre la perfección y la imperfección, porque el ser humano en el fondo lo que quiere es sentirse querido y aceptado. Esa es la base de todo. Así que cuando no se siente querido ni aceptado como es y se le exige ser perfecto para "seguir gustando", ni es él, ni se siente querido como es e intenta justificarse con la de cosas que hace mal el otro.
















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