
Cúantas veces nos hemos preguntado el por qué de nuestro destino.
Según la Constitución, todos somos iguales y merecemos el mismo respeto ya seamos blancos, negros, amarillos o rojos; mujeres u hombres; católicos, protestantes, musulmanes, etc. Pero aunque la Carta Magna exponga la idea tan clara, todos sabemos en el fondo que esto no es así ni será jamás.
Ya no lo digo por lo que concierne a derechos u obligaciones, sino por lo diferentes que podemos llegar a ser los seres humanos viviendo en el mismo lugar, teniendo el mismo tipo de familia o la misma educación. Los caminos que vamos siguiendo al principio cuando somos pequeños están juntos como si de la base de un abanico se tratara, pero luego éstos se van abriendo y salen lanzados en direcciones dispares y hasta disparatadas.
Me llama muchísmo la atención cómo influye nuestra historia personal en la manera de ver las cosas que nos van sucediendo cada día. Nuestro bagaje se va formando, vamos acumulando historias, resentimientos, miedos, certezas, inseguridades. Podría decirse que cada uno tiene un baúl que carga a sus espaldas y del cual va extrayendo esas maneras según las va necesitando.
Y he aquí la respuesta al por qué de nuestro destino, depende de cómo nos lo tomemos, depende de lo que decidamos en cada momento. Así vamos avanzando ..o no.
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