Gracias a un escenario natural dentro de una gran ciudad, donde el tiempo se para, donde la noche se hace día y el día ya no existe si no estamos los dos; el espacio se hizo eterno y nos dejó a nuestras anchas por aquellos caminos llenos o no de césped, agua, plantas, niños en bicicleta y música lejana con sabor a encuentro.
Gracias por ese algo de ti que hoy me deja dormir feliz.

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